un viaje inconcluso (1 de 2)
Texto: Luis Revenga

sintitulo (1981)

sintitulo 1981

Para adentrarnos en el fascinante mundo de Pilar Pequeño es obligatorio, a manera de prólogo, comenzar con una cita de José Puga, sin duda el mejor y más temprano conocedor de su obra fotográfica: «Cuando uno se encuentra con un autor que presenta una obra consistente, que ha ido evolucionando a través de la profundización en su trabajo y del estudio de las formas de expresión de su momento y de su medio cultural, tiene que alegrarse...»

Desde luego el camino recorrido por Pilar Pequeño —desde aquella experimental fotografía, Sin título, de 1981, en la que contemplamos ropa tendida, hasta, por ejemplo, Bodegón con plato de ciruelas y uvas, 2006—, conforma un extraordinario viaje en que vivencias y trabajo se interrelacionan y conjugan para alumbrar una serie de secuencializaciones fotográficas en las que se evidencia lo que significa para un artista aprender viviendo, experimentar como necesidad primera, dialogar con la memoria y el tiempo real (el del instante de su vida en que se produce cada una de sus fotografías).

plato de ciruelas y uvas (2006)

bodegón con plato de ciruelas y uvas 2006

Series fotográficas —Paisajes, desde 1982; Invernaderos, 1982 a 1990; Hojas, 1985; Washington, 1988 a 1991; Plantas, a partir de 1993; Plantas en el agua, desde 1995— en las que la intuición, juego y pensamiento articulan un discurso de luces y sombras, el fundamento de los fundamentos de la fotografía.

Superficies producto de diálogos íntimos, cortos, desde lo más profundo de la autora, siempre buscando la belleza.

Segundo trayecto

Al llegar este punto, ya sabemos que las series fotográficas de Pilar Pequeño son páginas del poemario de su andadura vital, de sus experiencias: espíritu y cuerpo.

Marie Geneviève Alquier fue quien se apercibió en primer lugar de ese viaje y su forma narrativa: «No sé los años que lleva. A mí me parece que siempre hubo una Pilar Pequeño andando sobre la vida escribiendo haikus» (F.V. Foto Vídeo Actualidad, nº 48, 1992). Fotografías: visiones interiorizadas, minuciosas y sencillas, pero que, más allá de su apariencia, nos predisponen e invitan adentrarnos en las exhaustivas reflexiones de estos poemas visuales que transmiten una especie de estado de gracia permanente. Formas que se nos antojan estar ordenadas geométricamente, y que siempre ejecutan los movimientos que se propuso su autora; ella eligió, deseó y quiso informarnos de cada uno de los instantes que la conmovieron. La información en las fotografías de Pilar Pequeño surge del conocimiento, del amor; y lo hace en el momento en que reconocemos. Dice Antonio Tabucchi: «La esencia de lo verdadero ¿se halla en lo que está bajo la máscara o en la propia máscara?»

Sueños. Invenciones. Señales

acelga (1993)

acelga 1993

Pilar Pequeño en sus reinvenciones fotográficas —primero vividas, y después soñadas— esconde bajo apariencias y simplicidad (zurbaraniana) la fuerza de una obra en la que el orden y la racionalidad del itinerario y el poso cultural que acumula, experimenta y se transforma y progresa continuamente.

Lúcido ensimismamiento. Sensualidad. Soledad; soledad que comparte con nosotros, espectadores. Naturalmente, en su itinerario vital y creativo, Pilar Pequeño descubre a Edward Hopper y aprende de él a diseccionar con luces y sombras un lugar (decorado) y el instante en el que se produce esa visión que se capta y se reinventa.

Siguiendo tramo a tramo las series de Pilar Pequeño, infinidad de diminutas señales, sutiles y delicados gestos, nos informan de la poderosa y detallada capacidad de la fotografía para reproducir la vida interior y la marcada huella que imprimen lo vivido y la cultura.

«La sustancia está dentro, la apariencia está fuera».
Antonio Tabucchi

 

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