Ventanas al exterior (5 de 5)
Texto: Rosa Olivares

Plantas

La serie más abundante de trabajos es el que dedica a las diferentes formas de plantas y de flores, a sus diferentes partes, en diferentes entornos. Es un cuerpo de trabajo que se podría subdividir en otras series que a su vez se superponen y prolongan unas a otras. En primer lugar estaría la serie más corta, la realizada en el parque del Retiro de Madrid. Son fotografías de las hojas perdidas en los charcos del parque. Un tema tan sencillo y aparentemente insignificante que para hablar de él habría que recurrir inevitablemente a la poesía. Nuevamente el agua, nuevamente una abstracción que se origina en la realidad, y el agua como elemento que altera, deforma la visión de los cuerpos sumergidos en ella.

hojas (1985)

hojas 1985

Esta serie es corta pero es muy significativa y nos acerca al mejor entendimiento de otras de sus series, además de enfrentarnos directa y limpiamente con algunos de las ideas que forman a obra de Pilar Pequeño, conceptos, ideas, sugerencias que vienen y van: el encuentro con el objeto elegido, con esas hojas muertas, flores insignificantes, rincones cuya belleza podría pasarnos fácilmente desapercibida; el azar como guía de esa elección y encuentro; el discurrir diferente del tiempo vital, que se diría al margen de la velocidad característica de nuestras vidas. Y también la alteración de ese encuentro, la manipulación a través de la máquina de sus contornos, el uso del agua como agente transformador, la importancia del fragmento, de la variación de escalas y la falta de referencias ajenas al microcosmos que la artista elige como mundo real e inhabitado. Todo ello a través del blanco y del negro, de pequeños formatos, de una limpieza exquisita en la realización final de cada fotografía, y, sobre todo, a través de una personal forma de ir disolviendo los motivos, transformándolos y deshaciendo sus formas, redituándolos hasta cambiar la percepción que cualquier espectador podría tener sobre ellos.

A partir de aquí podríamos hablar de series o de líneas de trabajo paralelas. Estas líneas serían: las plantas en su entorno y las plantas fuera de su entorno habitual; y dentro de estas dos categorías estarían las flores silvestres, las flores naturales - las más conocidas - y las flores sumergidas. Pilar Pequeño observa la naturaleza como una tarea intima y privada, en sus paseos, en sus viajes, en su propio jardín y allá donde pueda estar, ve a su alrededor todo tipo de plantas. Es ese trabajo que el azar parece hacer por ella: dejar que sus ojos se fijen en un lugar o en otro. A partir de ahí, Pequeño - dependiendo del tiempo que ella tenga, de las condiciones climatológicas, de las características del motivo, etc., - decide si la fotografía la va a realizar en el propio sitio, en el entorno habitual de la flor. Entonces no altera la planta, las propias hojas que acompañan a la flor le servirán de escenario, o bien el entorno natural, o tal vez en una aproximación absoluta solamente retrate un fragmento de las hojas, de la corola, de la flor central, de algún detalle casi invisible.

girasoles (2000)

girasoles 2000

Otras veces, en cambio, decide que su propia casa, un entorno ajeno a la planta, es el que ella necesita. Entonces comienza un ritual de limpieza, agua y luz. La flor, la planta, a veces incluso frutas y verduras, son tratadas con parsimonia y con delicadeza. Unas veces serán fotografiadas desnudas, con sus simples y característicos atributos, en otras ocasiones se les colocará sobre manteles, con fondos de papeles de dibujo, mojados, tratados de alguna manera, e incluso en pequeños jarrones, platos, vasos y, en muchas otras ocasiones se fotografiaran inmersas en recipientes con agua. Sumergidas en recipientes de cristal, las plantas, las flores adquieren matices diferentes, y su respiración queda patente en las pequeñas burbujas de oxigeno que se forman contra el cristal, sus tejidos se dilatan, una suerte de pelo, polvo dorado, se aplasta contra las paredes transparentes.

Cada una de estas fotografías nos ofrece, en parte debido al primerísimo plano en el que se captan las plantas, en parte a la gran ignorancia que todos tenemos sobre la apariencia y los detalles de estas flores, una imagen extraña y sugerentes. Son flores de todo tipo de las que la artista destaca las flores silvestres, que para ella son aquellas que nos son absolutamente insignificantes, por pequeñas y vulgares, porque crecen sin ayuda de nadie, no son cultivadas ni se venden en las floristerías: son esas pequeñas notas de color y belleza que surgen infinitas e insignificantes, efímeras, en los campos, en los bordes de las carreteras, en los caminos, en cualquier lugar. Estas pequeñas flores, que nos habían pasado desapercibidas hasta ahora, una vez descontextualizadas se convierten en otra cosa por completo diferente.

Estas fotografías, en un cuidado blanco y negro donde las gamas de grises y los brillos de la luz se convierten en zonas específicas, tienen un aspecto de fotos antiguas, como llegadas de otro tiempo, estudios botánicos realizados cuando la belleza de las plantas era considerada como elemento para el análisis. Sin embargo, son obras absolutamente actuales, realizadas hoy aunque en un 'tempo' diferente al que estamos habituados. Un tiempo paralelo, como congelado en su diferencia, en el que la belleza sigue estando en la naturaleza, y esta sigue existiendo incluso en sus aspectos más aparentemente insignificantes.

Pilar Pequeño rescata en sus imágenes un mundo de maravilla, un mundo sencillo como las cosas más importantes, como esas cosas que no tienen nombre ni palabras para definirlas completamente. Es un mundo de agua, de luz y de pequeñas flores, un mundo que no existe fuera de su especial laboratorio de imágenes. Porque, aunque la apariencia de todas estas fotografías nos lleve a la conclusión de un idílico paseo, un viaje hacia la naturaleza, detrás de esta apariencia bucólica cercana a la literatura de Henry David Thoreau se está realizando una transformación sutil y a la vez radical. Pequeño transforma y cambia todo lo que ve, todo lo que toca en otra cosa diferente. Eso es la fotografía, una especie de alquimia que todo lo que toca lo transforma en memoria, en experiencia contada, en un producto inequívocamente cultural. Una obra del hombre, en contra o a favor de la naturaleza, pero inevitablemente un trabajo intelectual en el que la sensibilidad, la técnica y la experiencia matiza los resultados haciéndolos personales, caracterizándolos como obra personal. Esa es la verdadera travesía de la creación, la transformación de lo visto, de lo vivido, de lo personal, en algo contado, transferido, universal.

Del libro: Pilar Pequeño. editado por Caja San Fernando. Sevilla 2002

 

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